miércoles, 18 de julio de 2007

Una cuestión de libertad

Ningún gobierno posee derecho para definir lo que es ser un buen ciudadano e imponerlo.

La polémica planteada por la imposición gubernamental de la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía no es un nuevo episodio de la vieja querella religiosa, ni del superado problema escolar, resueltos por la Constitución vigente, sino una cuestión de libertad que enfrenta a conservadores y liberales, por un lado, y a socialistas y comunistas, por otro, o incluso a demócratas (liberales) y a filototalitarios. Pues si la Iglesia Católica tuvo en el pasado una hegemonía educativa abusiva, la solución no es su sustitución por una hegemonía estatalista y laicista de signo opuesto, sino la libertad. Si en el pasado existió la asignatura, impuesta y sesgada, de Formación del Espíritu Nacional, la solución no es su sustitución por una alternativa, igualmente impuesta y sesgada. Del mismo modo que los males de la hegemonía de los vencedores en la guerra civil no se cura con una tardía e imposible victoria de los vencidos, sino con la libertad de todos y la reconciliación.

La mayoría parlamentaria, por lo demás tan exigua que deja fuera casi a la mitad de los ciudadanos, carece de legitimidad (aunque, por los errores de nuestra legislación, que no exige mayoría cualificada para los grandes textos legales educativos, no de legalidad) para imponer una enseñanza moral obligatoria. Ni siquiera podría hacerlo una mayoría más amplia, pues la educación es un derecho (y un deber) fundamental de los ciudadanos que corresponde ejercer a los padres. Aunque se tratara de una mera formación cívica, no es posible llevarla a término sino a partir de ciertos principios morales. Entonces, sólo habría sido legítima su implantación (y aún esto sería dudoso) si hubiera contado con la adhesión de, al menos, los dos grandes partidos nacionales. La pretensión del Gobierno de que se trata de inculcar unos principios mínimos de buena ciudadanía compartidos por todos choca ante el argumento incontestable de que la oposición y centenares de miles de padres no están de acuerdo. No se puede caracterizar como aceptable para todos lo que no es aceptado por todos. Aquí la prueba es irrefutable. No puede aspirar a defender la libertad quien impone algo violentando la libertad de muchos. Y todo esto vale, sin entrar a considerar si los programas y los contenidos de los libros de texto son buenos o malos, acertados o erróneos. Basta con que no haya consenso para que exista vulneración del derecho a la elección por los padres de la educación moral de sus hijos. En cualquier caso, ningún gobierno ni ninguna mayoría minoritaria parlamentaria posee derecho para definir lo que es ser un buen ciudadano y determinar su contenido e imponerlo.

Una prueba más de que el Gobierno no actúa en favor de la libertad la suministra el hecho de que la nueva asignatura se presenta como obligatoria y no como optativa. Si es la formación cívica del Gobierno y sus aliados, entonces que se ofrezca como optativa, pero que no se imponga a todos. Estas son algunas de las razones que justifican el rechazo de muchos ciudadanos, instituciones y asociaciones, e incluso el eventual recurso a la objeción de conciencia. No se trata aquí tanto de un derecho como de un deber. Si un padre estima que la asignatura forzosa impone a sus hijos principios morales o una concepción de la buena ciudadanía que no comparten, deben oponerse a que sus hijos reciban una educación contraria a su criterio. Para ello le ampara no sólo la fuerza del deber sino también la Constitución.

En cualquier caso imponer algo en nombre de la libertad, parece abusiva contradicción en los términos. Ni el Estado, ni el Parlamento, ni el Gobierno, ni, por supuesto, la Iglesia, ni ninguna otra institución, pueden aspirar al monopolio de la educación moral ni a la determinación de los atributos y condiciones de la buena ciudadanía. Un Gobierno que se introduzca, y más si lo hace sin acuerdo con la oposición y de manera obligatoria e impositiva, se desliza por la pendiente antiliberal que conduce al totalitarismo. Por eso, decía al principio que se trata de una pura cuestión de libertad. El Estado es el garante del ejercicio del derecho a la educación, pero su pretensión de dirigir la educación y determinar sus contenidos morales lo convierte, en ese aspecto en un poder ilegítimo. En realidad, la intención del Gobierno al imponer esta nueva asignatura resulta muy claro: generar una educación moral y cívica afín a sus orientaciones e intereses, que le permita crear un estado de opinión favorable a sus principios y programas que, en última instancia, favorezca su pretensión de marginar a la oposición y perpetuarse en el poder. Pero someter la educación, el bien público y privado más elevado que existe en una sociedad, al dictado del poder constituye un atentado mortal contra la libertad. Educación para la Ciudadanía, tal como se ha planteado, no es sólo una cuestión de concepciones morales en conflicto, sino un asunto que afecta a las libertades fundamentales de los ciudadanos: una cuestión de libertad.
Ignacio Sánchez-Cámara
conoZe.com

martes, 3 de julio de 2007

¿Es que no tenéis sangre en las venas? (Reproche para católicos)

Es por lo de la Educación para la Ciudadanía, claro. ¿Por qué iba a ser, si no? Es el mayor atentado que se ha tramado en decenios contra la autonomía moral de la gente. Es la mayor intromisión imaginable en la libertad de verdad, que es la libertad interior. Y sin embargo, aquí apenas se mueven cuatro gatos. La prensa disidente hace circular titulares de impacto: «Ya hay 3.500 objetores en el mes de junio». Gran cosa, ¿eh? Tres mil quinientos en todo el país. En un vagón del Metro caben doscientas personas. Echad la cuenta. Es verdad que en las Termópilas bastaron trescientos. Pero esto es otra cosa. Esto es peor.

¿Dónde os habéis metido? ¿Debajo de las piedras? ¿Es que nadie os ha explicado lo que os estáis jugando? ¿O es que no lo queréis ver —para no fatigaros, tal vez, o para no meteros «en líos»?

A vuestros hijos van a enseñarles que nada es verdad ni mentira, sino que todo depende del color con que se mira —y que ese color, mayormente, tira a bermellón. Van a enseñarles que no existe una forma recta de ser y de estar, sino que todas valen lo mismo —es decir que lo malo es bueno, porque lo bueno no es tal. Van a enseñarles que ETA es un grupo vasco armado que fue torturado alevosamente por la democracia española. Van a enseñarles que la guerra civil no ha terminado y que la reconciliación fue un error, porque no hizo justicia. Van a enseñarles que papá y mamá son conceptos vacíos e intercambiables por otros. Van a enseñarles todo eso, no con materiales teóricos mínimamente contrastables, sino con una buena porción de bazofia que, por otro lado, jamás fue escrita para educar a nadie, sino, deliberadamente, para todo lo contrario. Y lo más importante: os están diciendo, no a vuestros hijos, sino a vosotros, que la formación moral de los críos ya no es cosa vuestra, sino que ahora el Estado se hace cargo. Y vosotros, a descansar. Mamá-Estado se ocupa. Qué bien.

Aquí hay dos cosas atroces. Una: que el Estado invada la competencia de la familia en el ámbito moral, extirpe la libertad de educar conforme a los propios principios e imponga a las personas una determinada concepción de las cosas. Esto es algo que sólo cabe en una democracia corrompida, cuando una clase política aupada al poder se atribuye una potestad que nadie le ha concedido. Es también curioso que el Estado venga a clavarnos esta zarpa justo cuando más debilitado está: el Estado ya apenas nos protege, ha dejado de dominar su propia moneda, ha subordinado la Defensa a grandes organizaciones internacionales, las empresas han de recurrir a guardias privados porque la policía no basta, los ciudadanos han de pagarse la sanidad por su cuenta si quieren ser bien atendidos, hemos de suscribir planes de pensiones con los bancos porque la jubilación no nos llegará... Y es este Estado, decrépito e impotente, el que se permite ahora secuestrar la soberanía moral de las personas singulares. Repito: no de la Iglesia, ni de la Conferencia Episcopal ni del PP, sino la soberanía moral de las personas singulares, de la gente de la calle, tu soberanía y la mía.

La segunda cosa atroz es esta otra: la invasión del espacio moral viene bajo las banderas de una visión absolutamente sectaria de las cosas, una visión que se ha construido en el último cuarto de siglo bajo los escombros de dogmas ideológicos derrumbados, una visión expresamente contraria a la cultura mayoritaria de la sociedad, a los fundamentos tradicionales de nuestra civilización, a los principios objetivos de lo que centenares de generaciones de europeos han considerado natural. No estamos ante un movimiento de «progreso»; estamos ante un movimiento de simple inversión. El propósito de los invasores no es otro que darle la vuelta a todo. ¿Y pueden hacerlo? Moralmente, no. Pero si nadie se opone, ¿por qué no? Y aquí es donde se echa de menos un poco más de nervio ciudadano.

Por ahí, en la plaza, uno oye de todo. Que si no llegará la sangre al río. Que si ya lo arreglarán las comunidades autónomas. Que si no será tan fiero el león como lo pintan. Que si, después de todo, sólo es una asignatura, que dejará tan poca huella en los alumnos como las demás (¿?). Que, al fin y al cabo, eso que se enseña en Educación para la Ciudadanía es lo que se ve en la calle, y que los niños tienen que ir haciéndose a esas cosas. Excusas de mal pagador. Sobre todo, excusas ciegas, expedientes para escurrir el bulto y no querer afrontar lo esencial, a saber: que no se trata de que se enseñe tal o cual cosa, sino de que pretenden robarnos una porción importantísima de libertad personal.

Es la libertad

Veréis: uno puede tolerar que el mundo sea una cueva de ladrones, que la televisión se haya convertido en territorio canalla, que los políticos abusen de las esperanzas de la gente (y los banqueros, de sus ilusiones), que los periódicos y la publicidad impongan una forma de ser y pensar decididamente absurda... Uno puede soportar todo eso porque, al fin y al cabo, ante la avalancha siempre es posible clavarse en la puerta de casa, coger el hacha y gritar «no pasarán». Pero lo que uno no puede tolerar es que cojan a tus hijos y les laven el coco al progresista modo. Por ahí no se puede pasar. Porque se trata de vuestros hijos. Y sin embargo, hermanos, lo estáis tolerando. ¿Qué os pasa? ¿Es que no tenéis sangre en las venas?

A los medios de la derecha religiosa, que admiran el ejemplo norteamericano, les gusta entregarse a ensoñaciones de regeneración, incluso de cruzada. Sueño vano. ¿Sabéis por qué en las sociedades con mayoría católica es impensable, hoy por hoy, un proceso semejante al norteamericano? Porque en los Estados Unidos la mayoría religiosa avanza sobre la base de asociaciones civiles, grupos de ciudadanos, comunidades con una voluntad de presencia política y social; pero aquí, en la Europa cristiana, y más especialmente católica, sólo una minoría exigua de ciudadanos actúa en la sociedad como creyente, el tejido asociativo civil es mínimo o inexistente, su capacidad de presencia social y política es reducidísima, muchos creyentes tienen alergia a la política o carecen de formación, la inmensa mayoría de los ciudadanos opta por la pasividad pública y prefiere delegarlo todo —en parte por tradición, en parte por pereza- en las espaldas de la jerarquía. «Los obispos sabrán qué hay que hacer» es una frase extraordinariamente socorrida. Y los obispos lo saben, claro que sí, pero el problema es que no son ellos quienes pueden hacer, sino los ciudadanos, las personas, y para eso hace falta un grado de compromiso que se diría completamente inalcanzable.

Por supuesto: este reproche va dirigido a unos católicos que parecen haber perdido por completo el sentido de la libertad personal, pero al menos aquí, entre la grey de los fieles, ha habido voces dispuestas a jugarse el pecho. Mucho peor es la situación ahí fuera, en la llamada «sociedad», donde una muchedumbre infinita de almas grises se muestra dispuesta a tragarlo todo con tal de no someter a agitación su adiposa conciencia. La reacción de los católicos ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía es tibia hasta la depresión, pero la actitud general de la sociedad es indiferente hasta la náusea. Hemos llegado a un punto tal de sumisión —al sistema, al dinero, a la comodidad burguesa, a lo «políticamente correcto»- que cuesta un mundo hacer ver a la gente que lo que está en juego es su libertad. Esa es la imagen del tirano de nuestro tiempo: ya no un déspota que te roba la cartera mientras te amenaza con la porra, sino un simpático cacicón que, mientras te rasca la barriga, te roba el alma. Y tú aún vas y te ríes.

Hay que presentar la objeción de conciencia contra esta asignatura. Es vital. Habría que hacerlo incluso si uno estuviera de acuerdo con los planteamientos doctrinales del Gobierno, porque ni siquiera en ese caso estaría justificado que el Estado se arrogue el derecho a imponerlos por ley. Jünger decía en alguna parte que la verdadera libertad es la que reside en el propio pecho. Esta gente nos quiere abrir el pecho y sacarnos la libertad como se sacaba el corazón en los viejos sacrificios humanos. No. No pasarán. Objeta. Mañana. Ya.

José Javier Esparza (conoZe.com)

domingo, 15 de abril de 2007

CONCIENCIA Y OBJECIÓN : DERECHO Y DEBER

La polémica pública sobre la objeción de conciencia frente a los "matrimonios homosexuales" ha puesto de manifiesto lo que pretenden en el fondo los promotores de la nueva ley: que todos pensemos que las relaciones homosexuales son igualmente valiosas y dignas de aprecio que el matrimonio verdadero. No les basta con que sean legales pero reguladas al margen del matrimonio, no les basta con equipararlas al matrimonio; quieren que quienes no pensamos como ellos abdiquemos de nuestras convicciones y dobleguemos nuestra conciencia para tener que decir sí íntimamente a la ideología que sustenta al movimiento gay convertida en ley.

Pues no. La conciencia es previa a la ley y está por encima de ella. Violar la conciencia es la pretensión de todo totalitarismo como demuestra la experiencia nazi y comunista. Defender la es la obligación de quien quiera comprometerse de verdad con la dignidad humana y los derechos de la persona.

Por eso resulta tan preocupante que ahora el Gobierno español, por boca de su Vicepresidenta, se apunte a defender la dictadura sobre las conciencias a cuenta de su compromiso con el lobby homosexual.

En España la objeción de conciencia es un derecho que forma parte de la libertad ideológica y religiosa garantizada por el art. 16 de la Constitución según ha dicho el Tribunal Constitucional en su sentencia 53/85 sobre la llamada "ley del aborto". Y la Constitución es de aplicación directa, especialmente en materia de derechos fundamentales, sin que se necesite la mediación de un desarrollo legislativo que no es necesario aunque resulte conveniente para dar seguridad jurídica al objetor y a los afectados por su objeción.

Se puede y se debe ejercitar el derecho de objeción de conciencia frente al nuevo totalitarismo que, en nombre del relativismo moral, pretende establecer una nueva dictadura sobre las conciencias.

En el siglo XX los totalitarismos querían violar las conciencias para imponer su verdad; en el siglo XXI los nuevos totalitarios en ciernes quieren violar las conciencias para imponer que no existe la verdad ni el bien.

Benigno Blanco
(Columna publicada en la revista Hacer Familia. Abril 2005)

domingo, 25 de febrero de 2007

10 Motivos para decir NO a la educación para la ciudadanía.

1. Porque al incluir entre sus contenidos cuestiones como "la condición humana", "la identidad personal" "la educación afectivo-emocional" o "la construcción dee la conciencia moral" -entre otras- con enfoques y fundamentos claramente ideológicos, la nueva asignatura supone una intromisión ilegítima del estado en el sentido de la educación moral de los alumnos, que es una responsabilidad y un derecho fundamental de los padres.

2 .Porque no admite la existencia objetiva y permantente de la verdad y el bien -que ni tan siquiera menciona- sino que hace dependr lo bueno y lo malo de los consensos que puedan conseguirse y, en definitiva, reduce la ética a lo que reconozca la legislación vigente en cada momento. lo que supone dejar la definición de lo que es o no ético en manos del poder.

3. porque a pesar de plantear emas como los ya citados, que afectan directamente al significado del ser humano y el sentido de la vida, silencia completamente las tradiciones religiosas y la existencia de Dios y de la trascendencia de la vida humana como factor conformador de la ética de muchos ciudadanos, relegando la experiencia religiosa a una opción íntima sin ninguna influencia en la vida social de las personas y en la ética públlica.

4. Porque impone la ideología de género, por la cula debe aceñtarse sin posibillidad de crítica y bajo la amenaza de ser señalado y acosado como homófobo, que existen, según la elección de cada uno, diferentes "orientaciones afectivo-sexuales" todas ellas equiparables y que la diferenciación y complementariedad sexual entre varón y mujer -base de la familia- es una construcción cultural que debe superarse.

5. Porque abusa de las emociones y los afectos de los alumnos y renuncia a la pedagogía del esfuerzo. la exigencia y la voluntad como condiciones de su crecimiento como personas.

6. Porque insiste en una concepción inadecuada -inspirada en la fracasada LOGSE- de la democracia en la escuela, que ha provocado una pérdida de autoridad en los profesores y un ambiente que está dificultando la convivencia en muchos centros, generando, por la convergencia de otros factores, violencia y tensiones.

7. Porque una buena parte de los "criterios de evaluación" de la asignatura, no se basan en la adquisición de conocimientos, sino en la observación de los comportamientos de los alumnos para comprobar que han asimilado los planteamientos ideológicos de los contenidos.

8. Porque careciendo de una estructura disciplinar específica, la asignatura se introduce en el currículo a costa del horario de otras materias más necesarias, como son, en el caso de la ESO, Lengua Castellana y Literatura, Ciencas sociales, Geografía e Historia, Lengua Estranjera o Tecnologías.

9. Porque es inconsecuente y discriminatoria respecto a la asignatura de Religión, que siendo una opción voluntaria, pero elegida casi por el 80% de los padres de la escuela pública, es marginada al tener alternativas que pueden hacerla inviable en muchos centros y perder, en el caso de la ESO, una parte de su horario.

10. Porque los contenidos de la asignatura que si son necesarios y justificables -conocimiento de las Declaraciones de Derechos Humanos. de la Constitución o del funcionamiento del sistema político- pueden incorporarse a otras asignaturas, como Conocimiento del Medio o Ciencias Sociales, o bien, tratándose de valores básicos y mínimos para la cohesión social, deben estar presentes transversalmente.

Profesionales por la ética.

sábado, 24 de febrero de 2007

Educación para la Ciudadanía “invade la formación de la conciencia moral de los alumnos”


La asignatura reivindica una “nueva ética común, ideología de género y visión laicista de la existencia”, y excluye “la dimensión religiosa en el ser humano”, dice un informe de Profesionales por la Ética

La asociación de Profesionales por la Ética ha elaborado un informe, Educación para la Ciudadanía: una moral de Estado obligatoria, en el que analiza “los contenidos mínimos de la asignatura para la ESO”que ya hemos incluído en este blog.
Las conclusiones del estudio ponen de relieve la ideología que se esconde tras la polémica asignatura que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quiere implantar en las escuelas.

Educación para la Ciudadanía “constituye un instrumento para la educación de la conciencia moral del alumnado”; “impone una nueva ética común”, amparándose en los “llamados valores democráticos”; “excluye la posibilidad de que exista una dimensión religiosa o trascendente en el ser humano”; “postula una visión laicista de la existencia”; e “incorpora la llamada ideología de género”, constata la asociación.

Con respecto a los contenidos del currículo de la asignatura, Profesionales por la Ética plantea al inicio de su informe las siguientes cuestiones: ¿son legítimos los contenidos de la asignatura?, ¿respetan los derechos y libertades más básicos, como son la libertad ideológica en la escuela y el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos según sus convicciones morales?, ¿responden verdaderamente a las atribuciones que el Poder Político puede y debe asumir legítimamente con relación a los ciudadanos?.

Moral obligatoria y ética común

El estudio viene a constatar que la asignatura “invade la formación de la conciencia moral de los alumnos, cuya responsabilidad es de los padres y en ningún caso del Estado”.

Aunque este tipo de formación de los estudiantes “no figura formalmente entre los objetivos generales” de Educación para la Ciudadanía, “entre dichos objetivos se incluyen cuestiones de un hondo calado existencial y moral”.

Además, la formación de la conciencia moral “sí forma parte expresamente de los ‘procedimientos y estrategias’ para conseguir los objetivos propuestos”, donde se hace referencia, entre otras cuestiones de tipo ético y moral, a la “construcción de una ética común”, de acuerdo a un “nuevo punto de vista ético, [...] base de la convivencia en las modernas sociedades complejas”, dice el informe.

En otro apartado, el informe se refiere a la inclusión de “los valores democráticos como referente ético” y constata con diversos ejemplos que “la asignatura convierte a la democracia en ‘modo de vida’ y en última referencia moral para el comportamiento de los alumnos”

Exclusión de Dios

Por otra parte, en el currículo de la asignatura no se mencionan, “ni siquiera como posibilidad, otros ‘referentes éticos universales’ distintos de los ya reseñados.

En el sistema moral que la asignatura diseña, que es cerradamente laicista en su concepción del ser humano y de la convivencia cívica, no hay lugar para la existencia de Dios ni para la trascendencia del ser humano, comportando así una ruptura radical con las tradiciones religiosas”.

“La única mención que el currículo realiza sobre el hecho religioso se refiere al ‘respeto a otras posturas (…) religiosas diferentes de la propia’”, señala el informe de Profesionales por la Ética.

“De acuerdo con los contenidos mínimos de la asignatura, la conciencia moral es algo que el alumno se construye de manera autónoma, sin partir de ninguna realidad objetiva ni certeza personal”, continúa.

“Salvo, curiosamente, la del propio relativismo y la obligatoriedad y eficacia de determinados valores y procedimientos instrumentales que aparecen de manera reiterativa en el currículo: la tolerancia, el respeto, la aceptación del pluralismo y la diversidad, la no discriminación, la necesidad del diálogo para resolver conflictos…”, añade el texto.

Padres y profesores, sin autoridad

Tampoco se pueden hallar en el contenido de Educación para la Ciudadanía “menciones al valor del esfuerzo, el trabajo, la superación o la humildad como factores necesarios para el crecimiento moral del alumno”.

“No se mencionan el papel o la autoridad de los padres y el profesor en el desarrollo de la conciencia moral de los alumnos, relativizando así, ante el propio alumno, la importancia educativa de padres y profesores”, critica el informe.

“La familia, por ejemplo, sólo se cita como uno de los ámbitos de las relaciones humanas, como objeto de estudio ‘en el marco de la Constitución española’ y como lugar en el que debe practicarse el diálogo para superar los conflictos y rechazar cualquier tipo de violencia.

Ideología de género y homosexualidad

El informe de Profesionales por la Ética hace hincapié, también, en “la importante presencia en el proyecto moral de la asignatura” que tiene “la llamada perspectiva o ideología de género, como concepción en virtud de la cual se niega la naturaleza constitutiva de la sexualidad.

“Cualquier diferenciación entre varón y mujer obedece a ‘prejuicios’ y ‘estereotipos’ educativos o culturales y debe ser considerada discriminatoria y perturbadora de la convivencia”.

Además, en la educación obligatoria “se imponen nuevamente las tesis” según las cuales “la homosexualidad constituye una orientación afectivo-sexual más sobre la que no cabe un juicio ético desfavorable (sería tachado de ‘homófobo’) y que genera idénticos derechos, incluso en relación con el matrimonio, que la ‘opción’ por la masculinidad o la feminidad, cuya complementariedad se niega de hecho”, advierte el informe.

El matrimonio, como unión entre varón y mujer abierta a la procreación, queda así privado de su base fundamental, debilitando en consecuencia la raíz misma de la familia como primera institución social”, añade.

Conclusiones

El estudio concluye, entre otras cuestiones, que “los contenidos mínimos para la asignatura Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos constituyen un instrumento para la educación de la conciencia moral del alumnado”.

También, “imponen como referentes universales para la construcción de una ‘nueva ética común’ los Derechos Humanos, concebidos desde la particular visión del positivismo jurídico, y los llamados ‘valores democráticos’ convertidos, más allá de la dimensión política que les es propia, en norma de comportamiento moral”.

El currículo de la asignatura “excluye de plano la posibilidad de que exista una dimensión religiosa o trascendente en el ser humano que pueda tener relevancia desde el punto de vista de la ‘ética común’ o la convivencia y la ciudadanía democrática, postulando de manera implícita una visión laicista de la existencia”, añade el texto.

La asociación apunta que “el proceso de construcción de la conciencia moral que la asignatura articula se basa en una concepción prácticamente absoluta de la autonomía del sujeto y en el relativismo moral” .

La asignatura “incorpora, como presupuesto antropológico incuestionable, la llamada ‘ideología de género’ que niega el carácter constitutivo de la sexualidad humana y considera cualquier desigualdad entre los sexos o las llamadas ‘orientaciones afectivo-sexuales’ como discriminatoria y perturbadora de la convivencia”, finaliza el informe de Profesionales por la Ética.

Isabel Ordóñez. Forum Libertas


miércoles, 21 de febrero de 2007

Informe de PROFESIONALES POR LA ÉTICA

PROFESIONALES POR LA ÉTICA ha elaborado una guía para padres informando sobre los aspectos de la asignatura "Educación para la Ciudadanía" que tienen una tendencia ideologizante y su comparación con los mismos aspectos y la ética natural. Por la importancia que tiene la difusión de este informe, así como la claridad y la sencillez con la que expone los aspectos más manipulados y manipuladores de esta asignatura, los exponemos a continuación.

Dignidad de la persona:

- Educación para la ciudadanía: Su fundamento está en la autonomía de la conciencia individual. Se plasma en la Constitución en las Declaraciones de Derechos Humanos y tratados internacionales.

- Ética Natural: Encuentra su fundamento en la propia naturaleza humana. El hombre es imagen de Dios dotado de cuerpo y alma. Los textos jurídicos, reconocen (no otorgan) la dignidad de la persona.

Libertad:

- Educación para la ciudadanía: es la capacidad ilimitada de decidir la propia autorealización. Se traduce en un derecho a realizar cualquier comportamiento que no esté prohibido por la ley.

- Ética natural: Es una fuerza de crecimiento y maduración en la verdad y en la bondad. Comporta la posibilidad de elegir el mal pero esta elección puede acabar con la libertad misma. En cambio, la adhesión al bien ensancha la libertad.

Verdad:

- Educación para la ciudadanía: La verdad no existe, es fruto del consenso. El que afirma que existe la verdad es un fundamentalista, un individuo contrario a la libertad.

- Ética natural: La verdad es la realidad de las cosas y podemos conocerla a través de la razón.

Tolerancia:

- Educación para la ciudadanía: No existe ninguna verdad ni moral objetiva; todas las posturas morales son equivalentes y, por lo tanto, deben ser toleradas e incluso promovidas.

- Ética natural: Consiste en soportar un mal por el respeto debido a la persona que yerra, siempre y cuando el mal no atente contra los derechos fundamentales o el bien común.

Derecho a la vida:

- Educación para la ciudadanía: El derecho a la vida comienza a partir del momento del nacimiento. Mientras tanto el embrión no es una persona. Entre la fecundación y los 14 días existe el preembrión que no requiere protección jurídica alguna.

- Ética natural: La vida de la persona comienza en el momento de la fecundación. El embrión es, desde el instante de su concepción, un ser humano que debe ser tratado y respetado como persona.

Reproducción asistida:

- Educación para la ciudadanía: Son aceptables las técnicas de reproducción humana asistida, acreditadas científica y clinicamente, que faciliten al máximo que las personas que lo deséen puedan tener hijos.

- Ética natural: las técnicas de reproducción artificial, en toda su variedad son inmorales por ser impersonales. En ellas se produce un ser humano como si fuera un objeto; además estas técnicas conllevan la congelación o destrucción de embriones que no se van a utilizar.

Investigación con embriones y células madre:

- Educación para la ciudadanía: la investigación de la prevención y tratamiento de enfermedades, justifica que se utilicen "preembriones" sobrantes de las técnicas de fecundación "in vitro".

- Ética natural: No se puede justificar la manipulación o destrucción de embriones humanos para la investigación científica. En cambio es razonable la utilización para fines de investigación y terapéuticos de células madre de tejidos adultos.

Clonación terapéutica:

- Educación para la ciudadanía: La clonación terapéutica es admisible, siempre y cuando se cumplan ciertas condiciones adiministrativas, porque contribuye a la curación de enfermedades de terceros.

- Ética natural: La clonación terapéutica es una verdadera clonación. No se puede fabricar un ser humano para después destruírlo para su utilización como material destinado a curar a otros.

Aborto:

- Educación para la ciudadanía: El aborto, o mejor, la interrupción voluntaria del embarazo, es una dimensión del derecho fundamental de toda mujer a la salud sexual y reproductiva.

- Ética natural: El aborto provocado es un atentado contra la vida de un ser humano inocente y nunca puede ser legitimado. Deben ponerse todos los medios para ayudar a la mujer a continuar con su embarazo.

Eutanasia:

- Educación para la ciudadanía: La eutanasia es parte del derecho a una muerte digna expresamente querida por quien padece sufrimientos y daños irreversibles que imposibilitan su calidad de vida. Cada cual tiene derecho a disponer de su propia vida.

- Ética natural: La eutanasia es moralmente inaceptable, cualquiera que sean los motivos y los medios. Se trata de un hombre que da muerte a otro y por lo tanto, una forma de homicidio.

Identidad sexual y de género:

- Educación para la ciudadanía: La única realidad sexuada es la biológica. el género es el resultado de determinados estereotipos o roles sociales que deben ser superados.

- Ética natural: La persona es un ser sexuado, no solo a nivel biológico sino psicológico. La distinción entre la identidad femenina y masculina orienta todo el ser.

Diversidad afectivo- sexual y homosexualidad.

- Educación para la ciudadanía: La preferencia sexual es una opción personal que debe adoptar el sujeto. Corresponde a la privacidad del sujeto y merece su reconocimiento público. La hosexualidad es una de esas opciones y su consideración pública debe ser idéntica a la heterosexual.

- Ética natural: La orientación sexual natural es aquella que garantiza la complementariedad entre el hombre y la mujer. La homosexualidad es una inclinación objetivamente desordenada, lo que no quita que los homsexuales deban ser tratados con respeto.

Familia

- Educación para la ciudadanía: Es una institución en constante transformación que puede adquirir múltiples formas: todas ellas deben recibir el mismo reconocimiento legal que la familia formada por un hombre y una mujer.

- Ética natural: Es la célula básica de la sociedad y está fundada sobre el matrimonio, unión complementaria entre un hombre y una mujer, abierta a la transmisión de la vida, que, debe obtener, por su interés social, una protección privilegiada de los poderes públicos.